Controlan la ciudad y a todos sus habitantes. Sus negocios resultan tan sórdidos como ellos mismos, y su reputación es suficiente para doblegar a un hombre adulto y obligarlo a suplicar clemencia. No son personas con las que se pueda jugar, pero mi padre lo hizo, contrajo una deuda con ellos y luego me vendió para cubrir las pérdidas.
Sí, me vendió.
Ahora soy suya.
Soy suya en todos los sentidos de la palabra. Pero jamás he sido dócil ni sumisa, aunque estos hombres me miran con deseo y sus manos llenas de cicatrices y manchadas de sangre me sujetan con fuerza. Quieren todo lo que soy, todo lo que puedo dar, y no pararán hasta conseguirlo. Sin embargo, pueden poseer mi cuerpo, pero nunca tendrán mi corazón.
Voy a hacer que se arrepientan del día en que me secuestraron.