Y un sociópata que no parece tener muy claro si quiere matarme o besarme.
Os damos la bienvenida a Lionswood, el internado de élite más prestigioso del mundo. Aquí mandan los hijos de los empresarios más ricos y si no puedes presumir de vestir solo con marcas de diseño, más vale que te vayas acostumbrando a sentarte sola a todas horas. Yo conozco estas reglas mejor que nadie, ya que soy la pobre estudiante que ha conseguido estudiar aquí gracias a una beca. He aprendido a perfeccionar el arte de fingir que no le tengo envidia a la riqueza infinita de mis compañeros de clase al igual que he aprendido a pasar desapercibida.
Todo parece seguir su curso hasta que el otro estudiante con beca acaba muerto al caerse por la ventana desde un quinto piso.
La muerte de Mickey Mabel parece haber sido catalogada como suicido, pero yo tengo mis propias dudas. Lo único que tengo claro es que el estudiante más popular de Lionswood, Adrian Ellis, parece estar envuelto en el caso. Soy consciente de que se trata de una sospecha muy arriesgada teniendo en cuenta que Adrian no es solo el alumno más rico de Lionswood, sino también el más altruista de todos. Es el tipo de persona que compra cientos de pasteles e invita a almorzar a toda la escuela durante el funeral de Mickey, y eso no parece indicar que sea un asesino, ¿no?
La mayoría de mis compañeros le besan los pies allá por donde pisa, pero yo he sido la única que ha podido apreciar algunos atisbos de su oscuridad y estoy segura de que esconde algo más allá de esa sonrisa tan cautivadora.
Sé que no debería de entrometerme, pero, por primera vez en cuatro años, estoy harta de seguir permaneciendo en las sombras. Por desgracia, el plan de delatar a Adrian no sale justo como yo esperaba y ahora me tiene en el punto de mira. Parece que se ha propuesto que nuestro último año se convierta en el juego del gato y el ratón, y no estoy muy segura de si su objetivo final es matarme o poseerme.
Y cuando ambos acabamos atrapados en el juego, no sé si quiero terminar escapando de su trampa o no.
Al fin y al cabo, yo también tengo unos cuantos secretos oscuros que no quiero que salgan a la luz.