Todo comenzó del mismo modo en el que lo hacen muchas historias de terror: con una tormenta. Una tormenta que no solo cambiaría el curso de un verano, sino también el del tiempo mismo.
Villa Diodati, 1816. Mary Shelley, Lord Byron, Percy Shelley, John Polidori y Claire Clairmont pasan un verano extraño en la casa junto al lago de Ginebra. El mundo exterior se oscurece bajo un cielo sin sol, mientras puertas cerradas revelan sombras que no deberían existir. Las criaturas que han imaginado en sus relatos están comenzando a imaginar cobran vida de maneras imposibles.
Y entonces llega Julián…
Julián es un joven piloto del siglo XX, marcado por la guerra y por un experimento imposible: cambiar un hecho del pasado para comprobar si el futuro puede reescribirse. Pero, cuanto más tiempo pasa en la mansión, más evidente se vuelve que su sola presencia está rompiendo algo esencial.
Elisabeth, una joven doncella de la mansión, parece la única capaz de darse cuenta de lo que está ocurriendo. Cada vez más consciente de que se encuentra en el centro de algo que podría alterar no solo el curso de la historia, sino también su propia vida. Junto a Julián, intentará comprender los límites del tiempo y la extraña lógica que rige a Villa Diodati: una casa que observa, que reacciona… y que tal vez esté viva.
El verano que nunca fue es una novela sobre el poder de las historias, los peligros de jugar con el tiempo y el momento en que los monstruos dejan de ser solo ficción. Un homenaje a la literatura gótica y una reflexión íntima sobre los hilos invisibles que unen pasado, presente y futuro.